LA TRIBU DE MORENO

On agosto 10, 2005, in Varios, by

Si hubiera que defini formalmente a la “Tribu”, podría decir que fue una espacie de gran cooperativa de turismo aventura, ya que cada año, durante 12 años, entre 50 y algo más de 100 almas parasaron por sus tolderías. Sin embargo, como sucede con la mayoría de las cosas gratas de la vida, con aquellas que uno se encariña, cualquier definición suena injusta. Para mi y probablemente para muchos, fue como una especie de nueva veta desde donde explorar el sueño comunitario. Al principio la propuesta no tuvo nombre y quizás haya incubando solo en la imaginación de Queto Brunati, que fue de hecho su mentor y pricipal activista. Sin embargo, es obvio que formaba parte del universo de significados de casi todos nosotros, pues casi todos habíamos vivido de jóvenes la experiencia de los campamentos y con el paso de los años, ya en pareja y con hijos, continuaba latente. En nuestro caso, me refiero a Clari, a nuestros hijos y a mi, es más fácil decir que sobran los dedos de una mano para contar veces que fuimos de vacaciones en familia, que hacer una lista de la enorme experiencia acumulada en esa especie de familia extendida de la cual forman parte los amigos, compañeros, vecinos, etc. Mi primer campamento juvenil, fue en febrero de 1970 a Tandil, formando parte de un grupo de jóvenes de la parroquia San Juan Bautista de Paso del Rey. Antes de esa oportunidad, nada o casi nada. Ni siquiera vacaciones. Los tiempos de “abundancia” de la familia en que nací, se terminaron pronto a consecuencia de un traspié económico. Como decía con orgullo el abuelo, refiriéndose a si mismo: “Brunati perdió todo, pero salvó el apellido”. La frase, gravada a cincel y desde la primera infancia en la memoria, no tenía sin embargo una connotación quejosa. Unos sentia que el abuelo la refería en términos de valoración de su integridad. Ocurre que Luis Pedro Brunati – yo heredé el nombre de mi abuelo paterno -, que como tantos otros había venido de Italia con un traje y un pasaje prestado, logró construir en pocos años un excelente pasar, sin claudicar de sus ideas socialista: “Nunca un obrero me pidió aumento de sueldo. El aumento estuvo siempre antes que el pedido… El jornal es sagrado… Nunca tuve una huelga… Fui el primero en poner las 8 horas de trabajo… Cuando venía el camión cargado de madera, los muchachos venían corriendo a descargar… La mejor forma de que la gente cumpla con uno, es que uno cumpla con la gente…Comíamos todos en la misma mesa… una gran familia de 20 o 30 personas”. El derrumbe económico sobrevino durante su último viaje a Europa (1946). Su estadía en Italia se extendió más de la cuenta y sus hijos quedaron al frente de la fabrica… Cuando volvió la encontró convertida en un coloso. Horno para fundir acero, maquinaria de última generación, más de 100 obreros y un flamante edificio que aún hoy conserva cierta prestancia, sobre avenida General Paz. Se comentaba en la familia que cuando el abuelo, que demoraba su visita a la fabrica, como presagiando algo, se detuvo a la distancia observando el pomposo letrero que decía I.R.M.A., siglas de Industrias Metalúrgicas Reunidas Argentinas y le comentó a su acompañante: “Los muchachos dieron el paso más largo de lo que permitía el pantalón”. Poco tiempo después del profético anuncio se confirmaba. Me recuerdo a mi mismo mirando desde la plazoleta de General Paz y Rodó, con esa alegría aparentemente inconsciente con que los chicos son capaces de vivir los hechos más adversos de la infancia, como retiraban de la fachada las enormes letras azules. Vendimos todo – dijo Don Luis, contrariando al directorio que proponía una convocatoria de acreedores – pero pagamos hasta el último peso. En síntesis, en el tiempo de un parpadeo la familia pasó militar la austeridad más extrema. Entre los 4 y los 20 años, no conocí un solo día vacaciones. Mis hermanos y yo comenzamos a trabajar desde muy chicos. Yo que era el mayor, a partir de los 14. Durante esa etapa los días tenía solo tres tiempos: trabajar, comer y dormir. En otras palabras, mis primeras vacaciones, fue el servicio militar, al que fui con un enorme sentido del deber, también inculcado por el abuelo que volvió a su tierra para cumplir con la patria. No está demás decir que el servicio militar fue mi primera gran decepción política. En 1968 no quedaban en el ejercito, ni vestigios de la gesta sanmartiniana. Las segundas vacaciones, fueron en aquel campamento a Tandil, después de cumplir 22 años. De allí en más, se sucedieron muchos otros. “La Tribu”, experiencia 1 Después de aquel primer campamento a Tandil realizado en febrero de 1970 y salteando un buena cantidad de campamentos intermedios a los cuales corresponden sin duda otras historias, realizamos un campamento familiar a Bariloche, que fue algo así como el embrión, la idea original sobre la cual entiendo yo, Queto fue concibiendo lo que con el tiempo llegó a ser La Tribu de Moreno. De esa experiencia, realizada en febrero de 1990 participamos tres de los cuatro hermanos Brunati con sus respectivas familias: María Teresa (embarazada de María Eva) y Mario, con sus hijas Mariana, e Inés; Marisa y Queto con sus hijos Mercedes, Francisco y Elisa y a la semana siguiente nos incorporamos Clari, nuestro hijos Juan Manuel, Claudio, Julieta, Santiago y yo. Salimos de Moreno en dos camionetas tipo pick-up rumbo a Colonia Suiza en Bariloche. En total fuimos 15 personas entre chicos y grandes, organizados en varias carpas. Hacíamos de comer alternadamente entre las tres parejas con ayuda de los hijos y obviamente comíamos todos juntos. En líneas generales fue lo que más o menos todos conocen como un campamento típico y dejó, como todos, recuerdos verdaderamente imborrables. Poco tiempo después, más precisamente el 22 de abril, nació Maria Eva Barboza Brunati. “Llamó un tal Germán” No tengo idea de como hizo para comunicarse con nosotros. En aquellos años Colonia Suiza era una especie de reducto de mochileros o turismo barilochense de bajos bajos recursos y el camping en el que habíamos acampado, un lugar más que modesto dentro de aquella realidad modesta. Para comunicarnos con Buenos Aires, hacer la compra de provisiones o cargar combustible, no había más remedio que ir a Bariloche. Lo concreto es que alguien llegó con un papelito que decía: “Para el diputado Brunati; comunicarse urgente con German.” No había demaciado lugar para la duda, se trataba de Germán Abdala. Para comunicarme tuvimos que ir hasta el “Centro Civico”. Las palabras de Germán fueron más o menos estas: “Luis, hay un lío bárbaro. El “Turco”, (por Carlos Menem), salió a putear al “Conde” (apodo del diputado José “Conde” Ramos). Creo que deberíamos sacar un comunicado de apoyo al “Conde”. Le contesté que estaba de acuerdo, pero que desde allí no podía hacer nada y dada confianza absoluta que tenía con él, lo autoricé a firmar en mi nombre. Luego de eso alcancé a preguntarle: ¿quienes firman además de nosotros? Vamos a ser como veinte – fue la respuesta de Germán – Hay mucha bronca. Las declaraciones de Menem cayeron mal. Que vamos a ser 20 – le contesté – llamate contento si llegamos a siete u ocho. Se reunieron ocho firmas y así quedó constituido el heterogéneo “grupo de los ocho”. No fue parte de una estratetegia, no hubo como se dice o supone un debate previo, ni reuniones. Si una gran amistad y compañerismo entre algunos de nosotros. Las experiencias siguientes En el campamento del año siguiente, esta vez en la segunda quincena de enero y también con destino Bariloche, ya fuimos unos cuantos más en varios vehículos, en tanto que otros llegamos viajando en transporte público. En el caso de mi familia, Clari condujo nuestra pick up hasta allá y yo me agregue unos días después por complicaciones de trabajo. Como éramos muchos, este campamento ya se organizó con bastante más tiempo y se desarrolló en un una planta de educación física a orillas de lago Mascardi, que ofrecía ciertas comodidades, como ser un dormitorio grande para los chicos y un salón de usos múltiples, en el cual cocinábamos, comíamos y realizábamos gran parte de las actividades recreativas de espacio cerrado. En esta segunda experiencia, ya comenzó a evidenciarse una base organizativa más nitida y programada, encabezada por Queto y Marisa y acompañada por “Clari” (Clarita Segesdi), Mirta Alfaro, “Chicha”, Quima, Mary y Ana Sorbara. Se realizó una investigación previa sobre las posibilidades y deseos del conjunto, realización de trámites, confección de un presupuesto y todas las previsiones que conlleva movilizar medio centenar de personas de diferentes edades. Los dos primeros campamentos dejan una gran experiencia. En lo sucesivo habrá “viajes de reconocimiento previo” y Queto propone ir pensando en una infraestructura propia, adecuada para camping libre, ya que el número de personas que oscila entre algo más de 50 y algo más de 100, no resultaba fácil de ubicar en los campings convencionales. Como la mayoría eramos docentes, las avanzadas o misiones de reconocimiento comenzaron a organizarse en algún fin de semana largo o las vacaciones de inverno y se financian colectivamente. Dejamos de lado los vehículos particulares y comenzamos a contratar micros de larga distancia y con el fin de optimizar costos, queda instituidos dos modulo numérico: 50 o 100 personas, según se tratase de uno o dos micros de 50 asientos. Si se sobrepasaban un poco esas cifras, se recurria a pasajes de linea, prorrateando los costos. La Tribu aun no se llama “La Tribu”. El nombre recién surge en 1999, a partir de un artículo publicado en un periódico local, sin embargo, va tomando consistencia una cierta idea de la potencialidad del grupo y la convicción de que es posible lograr lo que se propone. Otras grupos y personas comienzan a interesarse en la experiencia de Moreno. Comienzan las reuniones organizativas formales. Surge una clara distribución de roles y funciones. En 1992 y con miras a la temporada `93 comienza el diseño, adquisición o fabricación de la infraestructura necesaria. Eso coloca al grupo base, a esta altura ya integrado por algo más media docena de personas, ante un desafío importante. Queto propone la fabricación de un gran carpón estructural con capacidad para algo más de 100 personas sentadas y espacio de cocina. Mesas para el mismo número de personas, mecheros y vajilla, alacenas, generador de energía, bomba para extracción de agua, tanque para agua y muchos otros elementos. Son todas construcciones desmontables. Comienzan la organización interna formal y la distribución de actividades. Fajina, recreación, representaciones de tipo teatral, concurso de habilidades, actividad deportiva, excursiones. Para romper los formatos clásicos y evitar el “fateo” se conviene desarmar la estructura familiar, porque tendía a reproducir los roles típicos. Las parejas de la vida cotidiana deben integrar grupos distintos y los hijos de una pareja quedan, para las distintas actividades, integrados a grupos que no incluyen a sus padres y en lo posible tampoco a sus hermanos. Los varones adultos y sus respetivas compañeras, también deben integrar grupos diferentes. A lo largo de 12 años, “La Tribu” nos permite conocer el país como muy pocos lo conocen, desarrollar formas de convivencia y organización y realizar todo a muy bajo costo e incluso subsidiar algunos casos particulares a medida que nos acercamos a los años difíciles (2000 y 2001). Lugares de campamento NOTA. Las fechas consignadas no son seguras. Colonia Suiza – Bariloche – 1990 Lago Mascardi – Los Cesares – Bariloche – 1991 Esquel – Los Maitenes – 1992 Junín de los Andes – 1993 Mendoza – 1994 Parque Nacional Los Glaciares – “El Chaltén” – 1995 Isla Martín García – Invierno – 1995 Córdoba – 1997 Salta – Jujuy –1998 Rucha Choroy – Aluminé – 1999 Villa La Angostura – Bariloche – 2000 Isla de los Periodistas – Delta del Paraná – 2000 – Invierno Córdoba – San Marcos Sierra – 2001 Pasamos por las toldería de l “La Tribu” Alberto Patiño Alejandro Moya Alfredo Sanmaroni Alicia Pef Ana Clara Vacis Ana María Bianco Antonio Maldonado Ana Sorbara Aurea “Chicha” Gondar Prieto Baltazar Lucero Beatriz Gallo Bruno Cacho Lesta Carlos Mayor Carlos Oliva Carolina Cisneros Cecilia Codesido Cecilia Inés Villacorta Celia (mujer de Degiussepe) Cintia Moya Clara “Clari” Segesdi Claudio Daniel Brunati Claudio Cusiol Coco Román Corina Degiussepe Cristina de Lesta Cristina Oliva Damian fau Daniel Cisneros Daniel Snchez Diego Olivera Eleonora Baffigi Enrique Mario “Queto” Brunati Esteban Pef Esteban Román Esteban Sánchez Evangelina Sánchez Ezequiel Barcena Facundo Souto Federico Bianco Federico Lesta Federico Olivera Félix Galparoli Fernanda Arriagada Fernando Díaz Florencia “Flopi” Souto Florencia Olivera Francisco Brunati Francisco Majteny Gabriela Guzman Gladis Maldonado Gonzalo Díaz Gonzalo Galván Guido Oliva Gustavo “Gusi” Díaz Hector Mayor – Joaquín Patiño José María “Pájaro” Román Julieta Inés Brunati Juan Manuel Brunati Juan Manuel “Buby” Lucero Juan Patiño – Inés Barboza Ignacio “Nacho” Sánchez Laura Mayor Laura Gabriela Villacorta Laura Rago Laureano Bianco Leila-Marido e hijo. Leonardo Degiussepe Leonardo Zugarrondo Lili Román Lucas Codesido Lucas Olivera Lucía Yulis Luis Paviolo Luis Pedro Brunati Luis “Pichi” Codesido Luis Sánchez Manuel Gimenez Marcos Cisneros María Elisa “Eli” Brunati María Eva Barboza María Giménez María Rosa “Mary” Cordoba María Isabel Sanchez Iarzabal María Luisa Orso María “Mary” Sorbara María Teresa Brunati Mariana Barboza Mario “Cocodrilo” Barreiro Mario Ramón Barboza Marta Marzoratti – Marta Rossin Martín Maldonado Matías Olivera Martín Roman Mercedes “Mechu” Brunati Miguel González Miriam Centurión Mirta Alfaro “Nanín” Romano Natalia Cisneros Natalia “Nati” Lucero Nestor Martínez Noelia Nora (prima de los Román) Norberto Hartel Olmo Yulis Pablo Rago Pablo Román Patricia Tranquilli Paula Codesido Pedro Codesido Quima Torres Roberto Díaz Roberto Ongaro Rocío Rolando Penella Roque Armando Villacorta Rosario Martínez Rosendo Martinez Roxana Ongaro Ruth Martinez Santiago Tomas Brunati Silvia Sánchez Sofía Bianco Sol Cisneros Soledad Patiño “Tedy” primo de Gusi “Titi” Degiussepe Verónica Román Victoria Haertel Y muchos más cuyos nombres iremos incorporando con ayuda de los amigos o a medida que la memoria lo permita. A modo de síntesis El valor de lo colectivo estuvo siempre presente. Si bien en algunos de nosotros venía ligado a experiencias personales y familiares, la realidad es que adquirió, a fines de la década del `60 una insospechada significación social al empalmar con las grandes movilizaciones de la juventud, abiertas por esos años. Sin intenciones de generalizar, ya que muy probablemente no todos hayan vivido del mismo modo su paso por “La Tribu”, esta experiencia de 12 años, nos dejó a muchos una marca imborrable, además de una valiosas herramientas para busquedas posteriores. La intención de estas líneas, es simplemente registrar lo que para mi fue una experiencia verdaderamente importante y accesoriamente, que el relato pudiera funcionar como una especie de introducción, para el aporte de otros amigos, compañeros y familiares. Quizás agregar fotografías, comentarios, experiencias puntuales y lo que habitualmente sucede cuando nos encontramos quienes compartimos nuestro paso por La Tribu. Luis Brunati, 3-10-2010 LA TRIBU DE MORENO Si hubiera que definiCurricur formalmente a la “Tribu”, podría decir que fue una espacie de gran cooperativa de turismo aventura, ya que cada año, durante 12 años, entre 50 y algo más de 100 almas parasaron por sus tolderías. Sin embargo, como sucede con la mayoría de las cosas gratas de la vida, con aquellas que uno se encariña, cualquier definición suena injusta. Para mi y probablemente para muchos, fue como una especie de nueva veta desde donde explorar el sueño comunitario. Al principio la propuesta no tuvo nombre y quizás haya incubando solo en la imaginación de Queto Brunati, que fue de hecho su mentor y pricipal activista. Sin embargo, es obvio que formaba parte del universo de significados de casi todos nosotros, pues casi todos habíamos vivido de jóvenes la experiencia de los campamentos y con el paso de los años, ya en pareja y con hijos, continuaba latente. En nuestro caso, me refiero a Clari, a nuestros hijos y a mi, es más fácil decir que sobran los dedos de una mano para contar veces que fuimos de vacaciones en familia, que hacer una lista de la enorme experiencia acumulada en esa especie de familia extendida de la cual forman parte los amigos, compañeros, vecinos, etc. Mi primer campamento juvenil, fue en febrero de 1970 a Tandil, formando parte de un grupo de jóvenes de la parroquia San Juan Bautista de Paso del Rey. Antes de esa oportunidad, nada o casi nada. Ni siquiera vacaciones. Los tiempos de “abundancia” de la familia en que nací, se terminaron pronto a consecuencia de un traspié económico. Como decía con orgullo el abuelo, refiriéndose a si mismo: “Brunati perdió todo, pero salvó el apellido”. La frase, gravada a cincel y desde la primera infancia en la memoria, no tenía sin embargo una connotación quejosa. Unos sentia que el abuelo la refería en términos de valoración de su integridad. Ocurre que Luis Pedro Brunati – yo heredé el nombre de mi abuelo paterno -, que como tantos otros había venido de Italia con un traje y un pasaje prestado, logró construir en pocos años un excelente pasar, sin claudicar de sus ideas socialista: “Nunca un obrero me pidió aumento de sueldo. El aumento estuvo siempre antes que el pedido… El jornal es sagrado… Nunca tuve una huelga… Fui el primero en poner las 8 horas de trabajo… Cuando venía el camión cargado de madera, los muchachos venían corriendo a descargar… La mejor forma de que la gente cumpla con uno, es que uno cumpla con la gente…Comíamos todos en la misma mesa… una gran familia de 20 o 30 personas”. El derrumbe económico sobrevino durante su último viaje a Europa (1946). Su estadía en Italia se extendió más de la cuenta y sus hijos quedaron al frente de la fabrica… Cuando volvió la encontró convertida en un coloso. Horno para fundir acero, maquinaria de última generación, más de 100 obreros y un flamante edificio que aún hoy conserva cierta prestancia, sobre avenida General Paz. Se comentaba en la familia que cuando el abuelo, que demoraba su visita a la fabrica, como presagiando algo, se detuvo a la distancia observando el pomposo letrero que decía I.R.M.A., siglas de Industrias Metalúrgicas Reunidas Argentinas y le comentó a su acompañante: “Los muchachos dieron el paso más largo de lo que permitía el pantalón”. Poco tiempo después del profético anuncio se confirmaba. Me recuerdo a mi mismo mirando desde la plazoleta de General Paz y Rodó, con esa alegría aparentemente inconsciente con que los chicos son capaces de vivir los hechos más adversos de la infancia, como retiraban de la fachada las enormes letras azules. Vendimos todo – dijo Don Luis, contrariando al directorio que proponía una convocatoria de acreedores – pero pagamos hasta el último peso. En síntesis, en el tiempo de un parpadeo la familia pasó militar la austeridad más extrema. Entre los 4 y los 20 años, no conocí un solo día vacaciones. Mis hermanos y yo comenzamos a trabajar desde muy chicos. Yo que era el mayor, a partir de los 14. Durante esa etapa los días tenía solo tres tiempos: trabajar, comer y dormir. En otras palabras, mis primeras vacaciones, fue el servicio militar, al que fui con un enorme sentido del deber, también inculcado por el abuelo que volvió a su tierra para cumplir con la patria. No está demás decir que el servicio militar fue mi primera gran decepción política. En 1968 no quedaban en el ejercito, ni vestigios de la gesta sanmartiniana. Las segundas vacaciones, fueron en aquel campamento a Tandil, después de cumplir 22 años. De allí en más, se sucedieron muchos otros. “La Tribu”, experiencia 1 Después de aquel primer campamento a Tandil realizado en febrero de 1970 y salteando un buena cantidad de campamentos intermedios a los cuales corresponden sin duda otras historias, realizamos un campamento familiar a Bariloche, que fue algo así como el embrión, la idea original sobre la cual entiendo yo, Queto fue concibiendo lo que con el tiempo llegó a ser La Tribu de Moreno. De esa experiencia, realizada en febrero de 1990 participamos tres de los cuatro hermanos Brunati con sus respectivas familias: María Teresa (embarazada de María Eva) y Mario, con sus hijas Mariana, e Inés; Marisa y Queto con sus hijos Mercedes, Francisco y Elisa y a la semana siguiente nos incorporamos Clari, nuestro hijos Juan Manuel, Claudio, Julieta, Santiago y yo. Salimos de Moreno en dos camionetas tipo pick-up rumbo a Colonia Suiza en Bariloche. En total fuimos 15 personas entre chicos y grandes, organizados en varias carpas. Hacíamos de comer alternadamente entre las tres parejas con ayuda de los hijos y obviamente comíamos todos juntos. En líneas generales fue lo que más o menos todos conocen como un campamento típico y dejó, como todos, recuerdos verdaderamente imborrables. Poco tiempo después, más precisamente el 22 de abril, nació Maria Eva Barboza Brunati. “Llamó un tal Germán” No tengo idea de como hizo para comunicarse con nosotros. En aquellos años Colonia Suiza era una especie de reducto de mochileros o turismo barilochense de bajos bajos recursos y el camping en el que habíamos acampado, un lugar más que modesto dentro de aquella realidad modesta. Para comunicarnos con Buenos Aires, hacer la compra de provisiones o cargar combustible, no había más remedio que ir a Bariloche. Lo concreto es que alguien llegó con un papelito que decía: “Para el diputado Brunati; comunicarse urgente con German.” No había demaciado lugar para la duda, se trataba de Germán Abdala. Para comunicarme tuvimos que ir hasta el “Centro Civico”. Las palabras de Germán fueron más o menos estas: “Luis, hay un lío bárbaro. El “Turco”, (por Carlos Menem), salió a putear al “Conde” (apodo del diputado José “Conde” Ramos). Creo que deberíamos sacar un comunicado de apoyo al “Conde”. Le contesté que estaba de acuerdo, pero que desde allí no podía hacer nada y dada confianza absoluta que tenía con él, lo autoricé a firmar en mi nombre. Luego de eso alcancé a preguntarle: ¿quienes firman además de nosotros? Vamos a ser como veinte – fue la respuesta de Germán – Hay mucha bronca. Las declaraciones de Menem cayeron mal. Que vamos a ser 20 – le contesté – llamate contento si llegamos a siete u ocho. Se reunieron ocho firmas y así quedó constituido el heterogéneo “grupo de los ocho”. No fue parte de una estratetegia, no hubo como se dice o supone un debate previo, ni reuniones. Si una gran amistad y compañerismo entre algunos de nosotros. Las experiencias siguientes En el campamento del año siguiente, esta vez en la segunda quincena de enero y también con destino Bariloche, ya fuimos unos cuantos más en varios vehículos, en tanto que otros llegamos viajando en transporte público. En el caso de mi familia, Clari condujo nuestra pick up hasta allá y yo me agregue unos días después por complicaciones de trabajo. Como éramos muchos, este campamento ya se organizó con bastante más tiempo y se desarrolló en un una planta de educación física a orillas de lago Mascardi, que ofrecía ciertas comodidades, como ser un dormitorio grande para los chicos y un salón de usos múltiples, en el cual cocinábamos, comíamos y realizábamos gran parte de las actividades recreativas de espacio cerrado. En esta segunda experiencia, ya comenzó a evidenciarse una base organizativa más nitida y programada, encabezada por Queto y Marisa y acompañada por “Clari” (Clarita Segesdi), Mirta Alfaro, “Chicha”, Quima, Mary y Ana Sorbara. Se realizó una investigación previa sobre las posibilidades y deseos del conjunto, realización de trámites, confección de un presupuesto y todas las previsiones que conlleva movilizar medio centenar de personas de diferentes edades. Los dos primeros campamentos dejan una gran experiencia. En lo sucesivo habrá “viajes de reconocimiento previo” y Queto propone ir pensando en una infraestructura propia, adecuada para camping libre, ya que el número de personas que oscila entre algo más de 50 y algo más de 100, no resultaba fácil de ubicar en los campings convencionales. Como la mayoría eramos docentes, las avanzadas o misiones de reconocimiento comenzaron a organizarse en algún fin de semana largo o las vacaciones de inverno y se financian colectivamente. Dejamos de lado los vehículos particulares y comenzamos a contratar micros de larga distancia y con el fin de optimizar costos, queda instituidos dos modulo numérico: 50 o 100 personas, según se tratase de uno o dos micros de 50 asientos. Si se sobrepasaban un poco esas cifras, se recurria a pasajes de linea, prorrateando los costos. La Tribu aun no se llama “La Tribu”. El nombre recién surge en 1999, a partir de un artículo publicado en un periódico local, sin embargo, va tomando consistencia una cierta idea de la potencialidad del grupo y la convicción de que es posible lograr lo que se propone. Otras grupos y personas comienzan a interesarse en la experiencia de Moreno. Comienzan las reuniones organizativas formales. Surge una clara distribución de roles y funciones. En 1992 y con miras a la temporada `93 comienza el diseño, adquisición o fabricación de la infraestructura necesaria. Eso coloca al grupo base, a esta altura ya integrado por algo más media docena de personas, ante un desafío importante. Queto propone la fabricación de un gran carpón estructural con capacidad para algo más de 100 personas sentadas y espacio de cocina. Mesas para el mismo número de personas, mecheros y vajilla, alacenas, generador de energía, bomba para extracción de agua, tanque para agua y muchos otros elementos. Son todas construcciones desmontables. Comienzan la organización interna formal y la distribución de actividades. Fajina, recreación, representaciones de tipo teatral, concurso de habilidades, actividad deportiva, excursiones. Para romper los formatos clásicos y evitar el “fateo” se conviene desarmar la estructura familiar, porque tendía a reproducir los roles típicos. Las parejas de la vida cotidiana deben integrar grupos distintos y los hijos de una pareja quedan, para las distintas actividades, integrados a grupos que no incluyen a sus padres y en lo posible tampoco a sus hermanos. Los varones adultos y sus respetivas compañeras, también deben integrar grupos diferentes. A lo largo de 12 años, “La Tribu” nos permite conocer el país como muy pocos lo conocen, desarrollar formas de convivencia y organización y realizar todo a muy bajo costo e incluso subsidiar algunos casos particulares a medida que nos acercamos a los años difíciles (2000 y 2001). Lugares de campamento NOTA. Las fechas consignadas no son seguras. Colonia Suiza – Bariloche – 1990 Lago Mascardi – Los Cesares – Bariloche – 1991 Esquel – Los Maitenes – 1992 Junín de los Andes – 1993 Mendoza – 1994 Parque Nacional Los Glaciares – “El Chaltén” – 1995 Isla Martín García – Invierno – 1995 Córdoba – 1997 Salta – Jujuy –1998 Rucha Choroy – Aluminé – 1999 Villa La Angostura – Bariloche – 2000 Isla de los Periodistas – Delta del Paraná – 2000 – Invierno Córdoba – San Marcos Sierra – 2001 Pasamos por las toldería de l “La Tribu” Alberto Patiño Alejandro Moya Alfredo Sanmaroni Alicia Pef Ana Clara Vacis Ana María Bianco Antonio Maldonado Ana Sorbara Aurea “Chicha” Gondar Prieto Baltazar Lucero Beatriz Gallo Bruno Cacho Lesta Carlos Mayor Carlos Oliva Carolina Cisneros Cecilia Codesido Cecilia Inés Villacorta Celia (mujer de Degiussepe) Cintia Moya Clara “Clari” Segesdi Claudio Daniel Brunati Claudio Cusiol Coco Román Corina Degiussepe Cristina de Lesta Cristina Oliva Damian fau Daniel Cisneros Daniel Snchez Diego Olivera Eleonora Baffigi Enrique Mario “Queto” Brunati Esteban Pef Esteban Román Esteban Sánchez Evangelina Sánchez Ezequiel Barcena Facundo Souto Federico Bianco Federico Lesta Federico Olivera Félix Galparoli Fernanda Arriagada Fernando Díaz Florencia “Flopi” Souto Florencia Olivera Francisco Brunati Francisco Majteny Gabriela Guzman Gladis Maldonado Gonzalo Díaz Gonzalo Galván Guido Oliva Gustavo “Gusi” Díaz Hector Mayor – Joaquín Patiño José María “Pájaro” Román Julieta Inés Brunati Juan Manuel Brunati Juan Manuel “Buby” Lucero Juan Patiño – Inés Barboza Ignacio “Nacho” Sánchez Laura Mayor Laura Gabriela Villacorta Laura Rago Laureano Bianco Leila-Marido e hijo. Leonardo Degiussepe Leonardo Zugarrondo Lili Román Lucas Codesido Lucas Olivera Lucía Yulis Luis Paviolo Luis Pedro Brunati Luis “Pichi” Codesido Luis Sánchez Manuel Gimenez Marcos Cisneros María Elisa “Eli” Brunati María Eva Barboza María Giménez María Rosa “Mary” Cordoba María Isabel Sanchez Iarzabal María Luisa Orso María “Mary” Sorbara María Teresa Brunati Mariana Barboza Mario “Cocodrilo” Barreiro Mario Ramón Barboza Marta Marzoratti – Marta Rossin Martín Maldonado Matías Olivera Martín Roman Mercedes “Mechu” Brunati Miguel González Miriam Centurión Mirta Alfaro “Nanín” Romano Natalia Cisneros Natalia “Nati” Lucero Nestor Martínez Noelia Nora (prima de los Román) Norberto Hartel Olmo Yulis Pablo Rago Pablo Román Patricia Tranquilli Paula Codesido Pedro Codesido Quima Torres Roberto Díaz Roberto Ongaro Rocío Rolando Penella Roque Armando Villacorta Rosario Martínez Rosendo Martinez Roxana Ongaro Ruth Martinez Santiago Tomas Brunati Silvia Sánchez Sofía Bianco Sol Cisneros Soledad Patiño “Tedy” primo de Gusi “Titi” Degiussepe Verónica Román Victoria Haertel Y muchos más cuyos nombres iremos incorporando con ayuda de los amigos o a medida que la memoria lo permita. A modo de síntesis El valor de lo colectivo estuvo siempre presente. Si bien en algunos de nosotros venía ligado a experiencias personales y familiares, la realidad es que adquirió, a fines de la década del `60 una insospechada significación social al empalmar con las grandes movilizaciones de la juventud, abiertas por esos años. Sin intenciones de generalizar, ya que muy probablemente no todos hayan vivido del mismo modo su paso por “La Tribu”, esta experiencia de 12 años, nos dejó a muchos una marca imborrable, además de una valiosas herramientas para busquedas posteriores. La intención de estas líneas, es simplemente registrar lo que para mi fue una experiencia verdaderamente importante y accesoriamente, que el relato pudiera funcionar como una especie de introducción, para el aporte de otros amigos, compañeros y familiares. Quizás agregar fotografías, comentarios, experiencias puntuales y lo que habitualmente sucede cuando nos encontramos quienes compartimos nuestro paso por La Tribu. Luis Brunati, 3-10-2010

 

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